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¿NOS HEMOS CONVERTIDO EN LOS COOKIE MONSTERS™ DEL MUNDO VIRTUAL?

Oct/2022

 

Como varios recordamos, desde los años 70 y durante algunas décadas, se transmitía por televisión un programa infantil que se llamaba Plaza Sésamo®. Dentro de los personajes de dicho programa, estaba el “Monstruo Comegalletas” (Cookie Monster, en inglés) quien se diferenciaba de los demás, entre otras cosas, por su afición a las galletas. En la mayoría de las escenas en las que aparecía, tenía una galleta en la mano o se la estaba comiendo.

 

En circunstancias actuales, vale la pena preguntarse si no nos hemos convertido en los “Comegalletas” del mundo virtual. Quizás la forma de operación de las cookies del mundo virtual, nos hagan parecer al “Comegalletas”, pues las “comemos” (aceptamos) con bastante regularidad, aunque, claro está, en contextos y medios distintos.    

 

Respecto de las cookies del mundo virtual, se puede señalar que, según algunas fuentes consultadas, empezaron a implementarse en la década de los 90s, cuando estaban desarrollándose los primeros navegadores. El propósito inicial fue confirmar si los visitantes de determinado sitio web ya habían visitado el sitio anteriormente, pensando en reducir pasos para el acceso y, consecuentemente, facilitar la experiencia del usuario del sitio, pues podía distinguirse, a partir de las cookies, si quien visitaba el sitio era “nuevo” o un usuario que “regresaba”. Con el tiempo, fueron desarrollándose otras funcionalidades de las cookies, hasta llegar al estándar de hoy, en donde sus principales propósitos son, además de recordar accesos, conocer y recabar información relacionada con los hábitos de navegación de los usuarios, sus gustos, preferencias y, en algunos casos, su información personal.

 

Las cookies del mundo virtual son datos que ayudan y sirven para identificar a un usuario y su dispositivo. Dichos datos se van almacenando y creando continuamente en la medida que como usuarios, accedemos a distintos sitios web. De esa manera, al momento de navegar en la Web -y asumiendo que hemos aceptado las cookies­- hay más información acerca de nuestro perfil como usuarios, lo que, en principio, hace que la información que se nos provea en el contexto de la navegación esté más tallada a nuestra medida (i.e. gustos, intereses). En la actualidad hemos normalizado el hecho de que luego de ver un producto, nos lo sigan ofreciendo donde sea que naveguemos, sin importar que cambiemos de página web o red social. No estamos considerando que es información que atañe a nosotros y que se utiliza con un destino de estrategia comercial.

 

Aunque las cookies tienen ese propósito, es importante estar claros que como usuarios, podemos decidir, al entrar a un sitio web por primera vez, si aceptamos o no las cookies de dicho sitio. A pesar de que suponga una mejora en nuestra experiencia como usuarios, existen razones válidas para oponernos a que un sitio web recopile, por medio de las cookies, información sobre nuestros hábitos e intereses. Sobre todo, si no sabemos qué hará el sitio en cuestión con dicha información. Asimismo, existen preocupaciones en cuanto a si las cookies (o mejor dicho, los sitios web que las implementan) procesan datos personales o datos que pueden ser considerados personales. (Aquí entendemos “procesar datos personales” en el sentido amplio, lo que implicaría, al menos, recolectar, almacenar, clasificar e incluso, compartirlos con terceros). En este punto en particular, la respuesta es: depende. Es decir, los sitios web respectivos pueden procesar datos personales por medio de las cookies en la medida que así estén configuradas operativamente hablando y que la información que se procese sea, en efecto, información personal. De ser este el caso, ¿cuál será el alcance de dicho procesamiento? El que se fije en las políticas de privacidad. De allí la necesidad de revisar bien dichas políticas de un sitio web; entender bien si almacena o no información personal y más importante y específicamente: qué harán con ella.

 

Asimismo, debe tenerse en cuenta que, si las cookies solo colectan información acerca de nuestros intereses para mejorar la experiencia como usuarios, no estaremos (en la mayoría de los casos) es un escenario en donde está recolectándose información personal. Sin embargo, si las cookies sí están configuradas para procesar otra información (como usuario, nombre, correo y similares), estaríamos en presencia de cookies que sí procesan información personal.

 

Regresando al punto de partida, conviene reflexionar si nos hemos convertido (o no) en “Comegalletas” del mundo virtual. Para ello, es importante reconocer que, como usuarios, cada vez es más frecuente que nos encontremos, al acceder a un sitio web o iniciar alguna aplicación por vez primera, con una ventana emergente, en la cual se solicita aceptar la política de cookies y la política de privacidad en forma previa al uso de dicha página o aplicación. Lo anterior, asumiendo que en efecto la página o la aplicación tienen por política operativa, solicitar la aceptación de uso de cookies, ya que, aunque parezca difícil comprender, no todos los sitios o aplicaciones lo hacen. Al margen de ello, dichas ventanas emergentes implementan un cómodo y atractivo botón que permite “aceptar todo”, pudiendo, como usuarios, superar de forma inmediata el obstáculo que nos impide alcanzar nuestro objetivo inmediato, que es el acceso al sitio o la aplicación de nuestro interés.

 

Por muy sencillo y hasta automático que parezca el acto de aceptar tanto la política de cookies como la política de privacidad, al seleccionar la opción de “aceptar todo”, como usuarios, voluntariamente nos sujetamos a los términos y condiciones de dichas políticas, que, ordinariamente, suelen regular aspectos como: las cookies en sí que se implementarán; los propósitos de éstas; si se recabará o no información personal; la forma en que, de ser el caso, se utilizará o transferirá a terceros; el propósito de su tratamiento; en dado caso, los derechos de los titulares de los datos personales y su forma de hacerlos valer, entre otros aspectos relacionados con la operatividad de las cookies y el tratamiento de los datos personales. Como consecuencia de ello, antes de darle un click al botón de “aceptar todo”, debemos entender bien de qué se trata eso a lo que, como usuarios, nos estamos sometiendo, pues en ese contexto, surgen una serie de derechos y obligaciones tanto para el sitio web como para nosotros como usuarios.

 

Desde una perspectiva jurídica, es común que en estas latitudes las normas generales en materia de contratación dispongan, por ejemplo, que el contrato existe cuando dos o más personas convienen en crear, modificar o extinguir una obligación. Partiendo de esa base y aplicándola al caso concreto, el sitio web propone el marco contractual regulatorio aplicable para operar las cookies y el alcance de éstas. Corresponde al usuario aceptar o no dicho marco contractual o, en algunos casos, aceptarlo parcialmente, como cuando algunos sitios web permiten a los usuarios establecer sus preferencias respecto de las condiciones de uso de cookies. De esta manera, un usuario puede aceptar, en cualquiera de los alcances antes referidos, la política de cookies de un sitio web.

 

En algunos casos, también podrá aceptarlo sin hacer click, pero accediendo y navegando por el sitio, ya que dicha forma de aceptación puede ser válida en algunos países (lo que se conoce como “aceptación tácita”). Dado que todo esto ocurre en un ambiente virtual, será importante conocer lo que la legislación de cada país tenga que decir respecto de comunicaciones electrónicas.

 

En ese sentido, son varios los países de América Latina que tienen normativa que reconoce validez y vinculación a las comunicaciones electrónicas, por lo que podría pensarse que tales formas de aceptación, aunque se hayan dado por dicho medio, serán válidas y vinculantes.

 

Como se señaló antes, si un usuario acepta la política de privacidad y de cookies de determinado sitio web, estará sujeto a los términos y condiciones de dichas políticas y deberá, por lo tanto, tolerar las actividades que pueda realizar el operador del sitio web, incluyendo, por ejemplo, rastreo de su actividad, almacenamiento de datos personales, transferencia de datos personales a terceros, entre otras que se hayan incluido en las políticas mencionadas.

 

Es por eso de vital importancia que, como usuarios, conozcamos el contenido de la política de cookies y de privacidad de un sitio web, ya que, en principio, un usuario no podrá desvincularse de ellas alegando falta de capacidad; desconocimiento (es decir, que nos las leyó) o invocando que el consentimiento que dio está viciado. Cada país regulará lo propio al respecto, pero una norma general que suelen adoptar las legislaciones es que quien dio lugar a un defecto o falta en el proceso de formación de un contrato o una relación contractual, no puede después invocarlo como argumento para cuestionar la validez de dicho contrato o relación.

 

En otras palabras (y volviendo a nuestra referencia a inicios de este artículo), debemos evitar convertirnos en “Comegalletas” del mundo virtual, y aunque el impulso sea acceder al sitio web o la aplicación de nuestro interés, vale la pena detenernos un momento y entender a qué exactamente estamos consintiendo. Debemos estar conscientes de que hacer click en un botón de “aceptar las cookies” o “aceptar las políticas de privacidad”, no es un simple acto previo que nos permite acceder al sitio web o a una aplicación; si no que tiene toda una serie de implicaciones respecto de nuestra información, las cuales, dicho sea de paso, forman parte de una relación que podría considerarse válida, exigible y vinculante.

 

LUIS PEDRO DEL VALLE - Socio

luispedro.delvalle@ariaslaw.com

 

FRANCISCO ZULUAGA - Asociado

francisco.zuluaga@ariaslaw.com


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