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HONDURAS - EXENCIONES DE ISV: LA PERSPECTIVA MODERNA

May/2022

Históricamente los impuestos al consumo, en particular el impuesto al valor agregado o como se denomina en Honduras, Impuesto Sobre las Ventas (ISV), han sido catalogados como impuestos regresivos. La regresividad impositiva significa que un impuesto no se recauda en base al poder adquisitivo de una persona, si no que se aplica uniformemente a todos los contribuyentes, independientemente de sus ingresos.

Esta regresividad implica que no haya redistribución de la riqueza, las personas de bajos recursos en teoría deben contribuir igual que las sociedades o personas de alto poder adquisitivo cuando un impuesto es regresivo. Los gobiernos han intentado históricamente combatir esta regresividad con exenciones, reduciendo la base imponible o el universo de bienes y servicios sobre el cual se puede cobrar el impuesto. Las exenciones usualmente se encuentran dirigidas a productos de primera necesidad, comida, servicios de salud, y educación.

Sin embargo, los investigadores modernos se han replanteado la categorización del ISV como un impuesto regresivo. Usualmente, la forma de medir la regresividad impositiva es determinando si el impuesto se calcula o no en base a los ingresos que reciben las personas. Sin embargo, sus gastos o el consumo de las personas también es un reflejo de su poder adquisitivo. Si se mide la capacidad económica de las personas en términos de su consumo, el ISV no es un impuesto regresivo. En términos absolutos las grandes empresas y las personas de alto poder adquisitivo contribuyen más al ISV que las personas de bajo poder adquisitivo, simplemente por que consumen más.

Al margen de la regresividad o no del ISV, de manera intuitiva se podría argumentar que cuando un producto o servicio está exento de ISV será más barato. Sin embargo, los impuestos al consumo no son intuitivos, lo que uno piensa que sucederá, no siempre sucede. Cuando la tasa del ISV aumenta, o una exención del ISV se retira, el precio de las cosas incrementará, por lo que intuitivamente pensaríamos que cuando la tasa del ISV disminuya o se cree una exención, el precio de las cosas disminuirá. Sin embargo, el efecto de la exención del ISV es asimétrico, cuando el ISV se exime o la tasa del ISV disminuye, el precio de las cosas no necesariamente baja. La mayoría de las personas asumen que los cambios en los impuestos indirectos se traspasan total y exactamente a los consumidores, argumentum ad populum. Estudios recientes demuestran que no existe traspaso total del beneficio de exención a los consumidores, en algunos casos se refleja un poco de la exención en el precio del consumidor, en otros el beneficio es absorbido por el proveedor.

Incluso en los casos que el consumidor si tiene un beneficio, aunque sea menor al esperado, ¿es realmente esta una herramienta efectiva de redistribución de la riqueza? Al final, el gobierno ha dejado de percibir una buena cantidad de sus ingresos, en términos absolutos las personas más beneficiadas han sido las de poder adquisitivo más alto y las personas con menor poder adquisitivo se han beneficiado un poco.

Vale la pena preguntarse entonces: ¿Cuáles son los objetivos de las exenciones? y ¿Existen programas alternativos de gasto o subsidio que podrían lograr el metas sociales y distributivas previstas de manera más eficiente y justa?

Una base imponible de ISV amplia, implicaría más presupuesto estatal, que podría invertirse en subsidios o programas alternativos de pago directo de beneficios para los más necesitados. En mi opinión, esto no implica que debemos eliminar de una vez todas las exenciones fiscales, (aunque así lo recomienda la profesora Rita de la Feria en el artículo que te invito a leer más abajo) ya que ello causaría, como he explicado arriba, un aumento a los precios de los bienes y servicios. Pero, teniendo evidencia concreta de que los beneficios de exención o reducción de la tasa de ISV no se trasladan en distribución de la riqueza y tienen un efecto positivo mínimo en las personas de bajo poder adquisitivo; considero que los diputados y las personas encargadas de diseñar la política tributaria deberían analizar a profundidad los efectos económicos de las exenciones o reducción de tasas previo a aprobarlas, extrayendo del campo de las decisiones la intuición, y en todo caso, diseñar políticas sociales efectivas que paulatinamente suplanten estas exenciones.

¡Gracias por leerme! Si querés saber más sobre el tema te invito a leer:

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3723750

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2273111

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305750X21003570

 

Claudia Midence
Asociada

claudia.midence@ariaslaw.com


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